Alguna vez me tocó ver un felino a lo lejos que intentaba subir a los árboles interesado en el cielo, inquieto por llegar a algún lado saltaba con cierta desidia, luego al paso de un breve tiempo elige permanecer sentado contemplando.

Mi curiosidad despertó en mí seguir su paso cada que me topara con él. En una ocasión al ir caminando por las anchas y arboladas calles empedradas por un barrio de Revolución, una tarde fresca, delicado viento que acariciaba mis mejillas en compañía de una melodía hipnotizante por el protagónico y armónico diálogo grupal de palomas, es entonces cuando veo aquél animal merodeando la zona en su estado contemplativo, sin embargo en esta ocasión me tocó presenciar un nuevo acto, dando unos pasos en retroceso toma fuerza y se lanza a uno de los árboles, se pesca ágilmente y sube sin vacilar hasta llegar a la copa del árbol justo donde cruzan un montón de objetos alargados, cerca se encontraban unas palomas suspendidas en el aire posando sobre aquellos cables colgantes, ellas se encontraban dialogando acerca del perfecto equilibrio y compartiendo un bello ritual en donde hacen una especie de danza mientras comunican algo, el movimiento inicia con las alas al momento de extenderlas para luego subirlas lo más alto posible hasta tocar sus puntas, al mismo tiempo el pecho va tomando mayor volumen al inhalar, luego al exhalar y bajando sus alas emitiendo ese sonido armónico, una y otra vez, lo hacen con orden porque al momento de concluir una de ellas inicia otra con el ritual como si se tratase de un intercambio de mensajes.

El felino anhelaba el diálogo sofisticado de las aves y soñaba con comunicarse de esa forma, por esa razón él portaba una especie de antifaz que afilaba sus rasgos que lo convertían en Gatájaro, de esa forma él sentía que podía emprender su camino para ser quien desea ser.

De pronto se escucha un ruido atípico cercano, las aves interrumpen de inmediato su ritual petrificadas en un arrebato de silencio y de especial atención escaneando fijamente el ramaje desde donde provenía ese extraño ruido, después de un rato surge un pronunciado pico entre los verdes follajes, respiran, y luego aparece la cabeza completa, confundidas de lo que veían, al menos el susto se desvaneció, ahora atentas analizaron una especie de ave nunca antes vista con un plumaje sedoso y corto cubriéndolo por todos lados, la ausencia de poderosas alas que distinguen a las aves no pasaba desapercibido, será una especie exótica o en extinción?

En mi sitio desde dónde me encontraba contemplando todo este suceso, de pronto veo que las aves le dan cabida a Gatájaro reanudando el ritual; de un ágil y perfecto salto el felino se coloca en medio de ellas sobre los cables, con un fuerte empuje provoca profunda gravedad, gran impulso, así en repetidas veces hasta retomar estabilidad, ritmo y equilibrio, retomando color de nuevo las aves ante tal sacudida compartieron risas y especial conexión; a partir de ese momento las aves y el árbol fueron amigos y maestros de Gatájaro.

Cuando veo mi reloj veo que debo irme de inmediato.

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